Quería escribirte esto, sólo para que entiendas que siempre serás muy especial para mi, eres la primera persona con la que he hecho muchas locuras, también serás la última con la que haré varias de ellas, pero principalmente eres la primera y la útima, la única persona con la que quiero jugar con lo prohibido. El terminar contigo, o que tu terminarás conmigo, también implica cerrar esa etapa de jugar con todo eso. Yo te prometí algo, y siempre serás esa única persona. Esa única persona prohibida, excitante, tierna, eres todo eso que no debería hacer.
7.6.15
De buscando a Nemo y despedidas
Quería escribirte esto, sólo para que entiendas que siempre serás muy especial para mi, eres la primera persona con la que he hecho muchas locuras, también serás la última con la que haré varias de ellas, pero principalmente eres la primera y la útima, la única persona con la que quiero jugar con lo prohibido. El terminar contigo, o que tu terminarás conmigo, también implica cerrar esa etapa de jugar con todo eso. Yo te prometí algo, y siempre serás esa única persona. Esa única persona prohibida, excitante, tierna, eres todo eso que no debería hacer.
14.6.14
De un beso que cambia las perspectivas de las cosas
A todo esto, soy muy tímido frente a ella. Ayer, le había dado el regalo que le había traído de LA, un scrub de Hello Kitty. Juro que quería traerle algo de Disney, pero cuando vi el scrub pensé que eso era tan para ella, que no lo pensé ni tres segundos. Cuando se lo di se emocionó un poquito y me dio un beso cerquita de mis labios, juro que pensé que sus intenciones eran otras pero sólo atiné muy torpemente a decirle que no hay problema, de nada. Mientras por dentro la confusión rondaba mi ser.
Bueno al llegar G, y tuve una oportunidad de conversar con M un rato. En un momento nuestras amigas se fueron al baño, y al dejarnos solos, nuestra conversación se volvía un poco más difusa. M cree, con justa razón, que soy muy joven para ella, que ella no quiere ser un impedimento de irme a estudiar a Brasil. M cree que no me he olvidado de S. Traté de hacerle entender que, M, me pareces la persona más diferente a S que podría encontrar, y lo peor es que se lo digo siempre. Desde el primer día que la conocí, en esa discoteca medio decadente de Miraflores M resaltaba de todas las chicas del lugar. Ella me pareció súper linda, y sobre todo, una buena persona, la mejor persona, realmente alguien en quien puedes confiar. Y ahora que la sigo conociendo sólo puedo seguir creyendo que M es la buena persona que moría por conocer. La chica divertida, súper considerada, la chica buena de la que escribí. Bueno he de aceptar que no soy bueno para dar ese tipo de discursos, se me da más por escribirlos, y revisarlos, y re-escribirlos una y otra vez, hasta encontrar una forma realmente bonita de decir las cosas.
Así que en ese momento, ya que nunca había podido agarrarle ni la mano en el cine y -sobre todo- envalentonado un poco por las catedrales, no sé me ocurrió mejor cosa que acercarme un poquito hacia ella y darle un beso. Ella colocó su mano en mi cuello y me atrajo a ella. Sus labios eran súper suaves. Sabes que no debemos hacer esto. Lo sé, le dije. Pero realmente quería besarte, me dijo. Yo también. El beso se hacía inesperadamente apasionado y sólo dejamos de besarnos hasta que T y G llegaron. ¿Un beso puede cambiar la perspectiva de todo lo que piensas? Luego de nuestro beso, no quería separarme de ella y mantuve mi mano entrelazada con la suya. M tenía roche, yo también, pero estaba completamente seguro que T estaría al tanto de todo, y es más, ella estaría feliz de que su complot de juntarnos este dando resultado, así que supuse que todo estaría bien. Ellas sabían que tenía una obra de teatro a las 8, y M me puso la cara más manipuladora de la vida, y juro que viendo sus lindos ojitos chinitos ya había perdido todas las ganas de ir a ver la obra.
Y ahora, para que entiendan mi problema, había quedado hace dos semanas en ir al teatro ese día con R, a ver un musical, y R me estaba esperando en el teatro... y no es la primera vez que llego tarde a algo con R. En realidad no hay mucho de que preocuparse, salvo la educación y consideración de siempre ya que R es una de mis mejores amigas.
Así que estaba en ese dilema ético y moral, cuando decidí ir a ver a R. Llegué y quedé con vernos otro día. Le expliqué un poco mi situación, sobre los pisco sours, y que estaba comenzando a sentir cosas por M. R fue súper comprensiva, e incluso me contó algo de un chico que le gusta, en retribución a mis confesiones. Algo sorprendido, la dejé en el Metropolitano y fui raudo al centro de nuevo.
Llegué, y M me reclamó un poco, pero le contesté que había regresado por ella. Esta parte sí es medio difusa, en algún momento T y G se fueron de nuevo al baño y de nuevo me comencé a besar con M. En serio, en serio sus labios era súper suaves, y sentía un descontrol tan sexy de su parte que sólo me provocaba volverla a besar, o incluso cosas peores. En algún momento ella me comenzó a llamar bebé y amorcito. Y comencé a llamarla igual, era todo tan natural que parecía que nos estuviéramos llamando así desde hace meses. T y G incluyeron temas algo más picantes en la conversación, que M integraba a la nuestra. ¿Tú no vas a durar tres minutos, no bebé? No, amorcito, no tienes idea. Perdimos la vergüenza frente a nuestras amigas y nuestros besos se volvieron más naturales, cómo si estuviéramos y todo el mundo ya debería estar acostumbrado a eso.
T sugirió ir a su casa y tomamos un taxi a la casa de M para recoger el carro de T. M y yo nos instauramos en los asientos traseros, siempre con mi mano alrededor suyo y su cabeza apoyada en mi pecho. De vez en cuando nos besábamos, M me decía que no la deje, yo le decía que descanse, M me besaba el cuello, y todo era súper lindo, M decía que ella no me iba a dejar y yo le respondía que tampoco la quería dejar. M guíaba mi mano, mientras que yo la acariciaba despacio, mientras que M aprovechaba para acariciar mi abdomen. Fuimos a la casa de T, y terminamos tomando té hasta que se sintiera mejor.
Fui a dejarla en su casa y conversé un rato con ella, yo apoyado en la vereda de la residencial y ella parada besandome, hasta que me dijo que tenía mucho sueño y ya quería ir a descansar. La acompañé como siempre hasta la puerta, y le deseé dulces sueños y -como si lo hiciéramos siempre- nos dimos un beso de despedida. Ella entró y me hizo una señal con la mano para que pase con ella, llamo al ascensor y me hizo pasar con ella. Nos besamos en el trayecto al piso 8. Mi pulso se aceleró. Acerqué mi cuerpo al de ella mientras que mis manos se apoyaban en su rostro, las puertas se abrieron y ella me dijo, que me acompañaba a bajar, ya amorcito, y la seguí besándo arrinconándola contra el ascensor. Le di las buenas noches y nos mandamos besos volados. Seguro el mío se vio torpe e inexperto, pero el beso que ella me mandó se veía súper lindo y muy profesional.
18.3.14
De mis promesas para mi chica buena
Juro, firmemente, que si encuentro una chica buena nunca seré egoísta con ella. Cuando encuentre a mi chica buena, una chica que no sea como tu, juro compartir con ella todo. No hablo de compartir mi almuerzo, o mi escasa pero significativa propina para llevarle a sitios caros y pagarle todo. Hablo de seguir dando el cien por ciento de mi, de abrirme a ella por completo. Cuando crea que esa persona es totalmente especial para mi, no quiero seguir tu ejemplo y para evitar hacerme daño cerrarme en un capullo. Quiero conversar con ella, que conozca lo que los demás no ven, que sepa mis secretos y mis errores. Y yo quiero conocer los suyos: quiero saber que color le gusta, o cosas absurdas sobre si prefiere la lluvia o el sol, quiero que sepa que a veces se me secan los ojos cuando estoy triste, que conozca mis temores de pequeño y conocer los suyos.
Quiero basar mi próxima relación en comunicación, hablaré mucho con mi chica buena. No quiero callarme nada porque mi chica buena nunca me mirará mal, quiero expresar todo lo que me gusta y todo lo que no. Tener la posibilidad de decir mis ideas locas sin remordimientos. Si quiero pedir tal cosa en un restaurante lo haré tranquilo, sabiendo que la chica buena siempre me dirá “claro, lo que tu quieras”. Quiero que entienda mi humor sofisticado y no le importe si hago tal o cual broma. Quiero que las peleas se solucionen hablando, no llorando. Quiero que ella sepa todo lo que no me gusta, y yo saber que no le gusta a ella, quiero intentar pasar mi vida no haciendo lo que no le gusta. Y si me equivoco quiero que me comprenda y entienda que hago mi mejor esfuerzo.
Cuando llegue mi chica buena quiero proponerle hacer cosas juntos, salir a todos lados, y no tener que separarme de ella nunca. Quiero ir al cine con ella, o al teatro, quiero ver películas en mi casa o en la suya. Quiero salir a bailar con ella, y probablemente tenga que tomarme uno o dos screwdrivers para bailar bien. No es necesario ir a lugares hiper caros, lo que quiero es crear recuerdos bonitos juntos, contigo, mi chica buena. También quiero caerle bien a sus amigos, y no me importaría salir con ellos, si ella esta dispuesta a conocer y hacerse amigos con los míos. Eso sí, siempre quiero que me preste más atención que al resto, y si estoy cansado, yo quiero que me entienda y se vaya a casa conmigo, porque yo haría lo mismo por ella.
También quiero tener confianza en ella, y que ella me tenga confianza en mi. Mi chica buena sabe que yo también soy un chico bueno, y no podría hacerle daño jamás. No quiero que me cele, ya que nunca le daré motivos para ello. Quiero darle su espacio, si lo necesita a veces, y que ella me de un espacio pequeño para mi. No tanto, porque la necesito cerca para que sepa cuando me siento triste, para que venga y me abrace. Que sepa que tengo momentos depresivos de la nada, donde la tristeza me atrapa, pero quiero que lo entienda y que haga lo necesario para animarme. Mi chica buena sabrá que cuando ella se sienta así, yo haré de todo para que se sienta bien.
De mi relación contigo saco que no ha sido perfecto, pero ha sido experiencia bonita. Salir herido, para mí, es sentirse un poquito vivo. Mis noches de insomnio son sólo una prueba de que yo si te quise en serio, y no estaba jugando con tus sentimientos. Para un chico inexperimentado como yo, una noche depresiva es una marca de batalla. He perdido la batalla, e incluso la batalla puede haberme dejado completamente destrozado, pero no he perdido la guerra. Quedan muchas noches más en mi vida en las que, en lugar de lamentarme por los supuestos que pasaría contigo, me encontraré, ojalá, feliz disfrutando cosas nuevas con una chica buena.
Lunes 17 de marzo
14.6.13
De cuando no sé que soy haciendo con S
Allí nos recibió C, el enamorado de I, quien nos hizo pasar a la discoteca. Entramos de la mano, y nos paramos junto a ellos. Por momentos S se ponía a bailar pegadito a mi, cosa que me encantaba, pero igual sentía que no debíamos hacer eso al costado de I. Luego ellos se encontraron con unos amigos, y se olvidaron de nosotros. Yo le dije a S para ir a la pista de baile. Comenzamos a bailar, y en un momento S se dio cuenta que estaba un amigo suyo, lo saludó mientras que yo me quede a un lado, tranquilo. Luego, ella me jaló y seguimos bailando alejándonos según se abrían espacios en la pista de baile.
Seguimos bailando, bailábamos con los dedos entrelazados, bailábamos pegados, sus manos me guiaban por sus caderas, yo le cogía la mano, le daba vueltas, enserio estaba feliz, nunca me he divertido bailando con alguien como con ella. Hasta que en un momento, en una cursi canción de latin pop ella me cogió el pelo. Yo también le cogí la nuca, dejamos de bailar y nos dimos un beso, y luego otro, seguíamos bailando y de vez en cuando nos besábamos. A veces le cantaba, recuerdo incluso haberle cantando en portugués. A veces me alejaba un poquito de ella, la veía hermosa, y le cogía las manos, me las ponía encima de mis hombros acercándomela y le daba un beso mientras nos movíamos al ritmo de las canciones.
Yo siempre le preguntaba si se sentía bien, por que tenía que dejarla en su casa, al querer salir pasamos al lado de I. No sabíamos si despedirnos o no, pero nos vieron y C nos empezó a invitarnos Jagger. Nos llamaron dentro del pequeño box en el que estaban, y comenzamos a bailar de lo mas normal. C nos seguía invitando Jagger, y de vez en cuando me hacía indicaciones de que haga lo mismo que él estaba haciendo. Le hacía caso divertido, cuando le daba vueltas a S, y con cuidado de que I no este mirando le daba besos chiquitos.
El Jagger iba haciendo efecto. S se ponía un cubo de hielo en su boca y me lo pasaba cuando nos besábamos. Me gustaba morder los cubos que me pasaba. Sólo me atreví una vez a devolverle un cubo por medio de un beso. Seguía bebiendo tragos pequeños de Jagger hasta que, en no sé qué canción, me emocioné y levante mi brazo rápido y le di en el ojo a S. Me disculpe mil veces. S se alejó un rato a hablar con I. C me pregunto si quería a S, yo le dije que sí, entonces él me dijo que vaya despacio, cómo él hizo con I. Me cayó súper bien. S regresó rápido, y me pidió un hielo, y se lo empecé a colocar despacio disculpándome. S no estaba molesta, yo le decía que estaba igualita. Estaba hermosa. Seguimos bailando, nos seguíamos besando. Hasta que ella me dijo para irnos. Nos despedimos de I y C.
Yo reté a S para ir caminando a su casa, ella me dijo que no, que sólo aceptaba ir hasta el Saga Falabella del óvalo Miraflores. Yo le dije que ya, y seguimos caminando agarrados de la mano. De vez en cuando parábamos y nos besábamos. En un momento le pregunté, con el valor que me daba el Jagger aún, si se acordaba de lo que habíamos hecho en Cusco. Ella me dijo que sí, que sí se acordaba de lo que habíamos hecho en el pasillo, pero que por un momento había pensado que fue un sueño. Me gustó esa parte.
Yo le pregunté exactamente que es lo que estábamos haciendo, y ella me dijo que no sabía. Recuerdo que en Benavides faltaban 28 segundos de luz roja, y le pedí si podía besarla esos 28 segundos. Seguimos hablando hasta que llegamos al Saga, le dije, caminemos hasta la esquina y tomamos el taxi. Ella me dijo, seguro piensas después hacerme caminar hasta Comandante Espinar y después hasta mi casa. Yo le dije ¿no confías en mi?. Llegamos a la esquina, nos subimos al primer taxi que encontramos por 8 soles hasta la primera cuadra de X con Y. En el taxi ella se apoyó en mi hombro, y yo le susurraba no te duermas. En un momento me comenzó a besar, yo no sentía la rapidez del tiempo gracias al Jagger, y cada vez que abría los ojos sentía que pasaban mil cuadras. Llegamos a su casa, la besé por última vez y la vi hacerme chau con la mano.
Me regresé caminando a mi casa, a pesar de haberle prometido que me iría en taxi. Luego hablamos nuladas por el whatsapp, me dijo que le recordaba al niñito de la espada y la piedra. Y me disculpe de nuevo... Y yo me moría de ganas de decirle que me gustaría hacer lo mismo de hoy completamente conscientes.
Sábado 8 de Junio de 2013
2.6.13
De mi primer beso en Cusco
Caminamos hasta Mama África, que queda en la Plaza de Armas. En el camino nos encontramos con P y un amigo español suyo. Al llegar Q se puso a buscar a su ex con S. Yo me quede con P, que confabulaba con su amigo para quedarse solos. Q encontró lo que buscaba, y regresó feliz. Nos dijeron que nos quedábamos, tratamos de dejar los abrigos pero los guardarropas estaban llenos, así que pasamos a la disco.
El ex de Q nos dio un espacio para sentarnos, allí S y Q empezaron a pedir sus bebidas: un par de mojitos de promoción y para mi un screwdriver. El screwdriver me lo tome en una, estaba suavecito. Luego salimos a bailar, no sé en que momento me propusieron tomar otro trago y yo acepté feliz, así que fuimos a la barra y las chicas comenzaron con las cervezas y yo me tomé otro screwdriver. S pago este, y contenía un shot de Absolut 100, odio ese maldito trago, estaba muchísimo más fuerte. Igual me lo tome algo rápido porque seguíamos bailando y era algo incómodo el tener el vaso en la mano.
En algún momento le acepté pedir otro trago, otro screwdriver para mí, otra cerveza para ella. Seguimos bailando, no terminé ese vaso porque se me cayó al piso. Yo ni siquiera me di cuenta, yo estaba feliz queriendo bailar con S. En algún momento ella se topó con un tipo que conocía y bailaron un rato. Yo me quede al lado de Q y de una amiga de S.
A la amiga de S le habían robado su celular también, tal vez por el hecho de que yo estaba super picado decidí olvidarme del DNI un rato. Esta parte me es un poco borrosa, pero creo que le pedí a S que me acompañara a buscar mi DNI, cuando nos aburrimos de buscar, me puse a bailar con S. S me pidió ir a tomar otro trago, y yo no acepte. Seguimos bailando, con mi mano entrelazada a la suya, pasando por su cintura.
La música se iba siendo más divertida, ponían sertanejo y yo trataba de bailar como todo un ponta-grossence. Era divertidísimo, mis bailes con S se hacían cada vez más apretados. En algún momento el de limpieza paso cerca a nosotros, y S le pidió mi DNI, y el tipo nos lo dio. Suspiré aliviado, le agradecí a S y me dedique a seguir bailando con ella. S quería otra cerveza, así que le hice caso. Luego, en un momento me dijo que se sentía mal, y yo opté por quitarle su cerveza y tomármela.
Ella me pidió que descansáramos, ya que le dolía su rodilla desde Machu Picchu. Nos ubicamos cerca a Q que ya estaba en agarres con su ex. Y cerca a P, que seguro me vigilaba. Yo estaba picado, pero tranquilo, sólo bailaba con S, o le bailaba a S, porque ella estaba sentada y se reía de la forma en la que bailaba frente a ella. En un momento el ex de Q nos dijo que la iba a dejar en el hotel, a lo que le dijimos Ok. Le seguí bailando a S, de la mano, hasta que ella me dijo que ya estaba bien como para salir de regreso al hotel. Le dijimos a P, y nos acompañaron a la salida.
Caminé con S, abrazados por la plaza, cuasi cargándola por la plaza hasta llegar a la calle Santa Catalina ancha, donde quedaba nuestro hotel. Tocamos la puerta, mientras le preguntaba sobre su rodilla. Subimos la escalera poquito a poquito, hasta llegar al tercer piso. Allí me dijo que se quería sentar un rato en el sofá frente a la puerta del cuarto. Me apoyé un rato en su hombro, y le dije si ya estaba bien para pararse. Me dijo que sí, e intenté ayudarla a pararse. En algún momento su mano se apoyó en mi cuello, y me acarició suavemente. Nuestras caras se acercaron y le di un beso suave. Alejé mi cara y le dije que realmente me gustaba. Y terminamos dándonos otro beso.
Yo le dije que tal vez no deberíamos hacer eso, y que ya entráramos al cuarto, pero antes de llegar a la puerta me dió un beso. Tocamos la puerta y nos abrió el ex de Q. Q saltó sobre S, y ellas hablaron despacito entre ellas. El ex se despidió, y nos quedamos los tres solos. Q se acomodó en la cama de S, y tuve que llevar a S a la cama de Q. Le quite las botas a S, y la tape. Me despedí con un beso en la mejilla y un buenas noches.
Sábado 1 de junio
2.10.12
De cuando tengo solo un día para besar a Z
Esa noche salí con Z, esta vez a ver Pervertimentos, y otros gestos para nada en el Teatro El Olivar. Ella había ofrecido gentilmente cambiar la apuesta (Z tenía que pintarse las uñas con dibujos de Hello Kitty) por no dejarme ver la puesta de sol en el piso 19 luego de ir al teatro. Al final llegué un poco tarde a recogerla y me obligó a ir al teatro caminando. Fue raro, el camino demostró que tal vez no somos perfectos, pero de una u otra forma nos queremos cerca de todas maneras.
Llegamos lo suficientemente temprano como para besarnos en una banquita de la laguna. Como ya es constumbre le agarré la mano toda la función. Amé el texto inteligente de Pervertimentos y a Laura Aramburú, que es una diosa actuando con su pelo rubio. Al salir ella tenía frío, así que la abracé y decidimos caminar dos cuadras hasta el Don Mamimo de Conquistadores. Fue rara esa comida, yo quería mirarla, y ella no podía mirarme a los ojos. Le pregunté por qué es que ella me adoraba... pero no me quiso responder. Yo estaba contrariado. Por momentos parecía que quería terminar conmigo (nunca han terminado conmigo, pero me imagino que para terminarle a uno deben poner cara de profundo pensamiento) pero yo acercaba mi cara a la suya, le daba un beso y ella se calmaba.
Fuimos a su casa en taxi. Yo moría de ganas de estar a solas con ella, en cualquier lugar, aquí, en el piso 19, o en un cuarto de hotel de mala muerte, me moría de ganas de estar con ella sobre una cama, poder quitarnos la ropa. La sola idea de tener su cuerpo cerca al mío me volvía realmente loco. No sé, tal vez nunca estaré seguro, pero creo que ella también quería lo mismo, aunque nunca sabré el significado de ese "Oh dios, eres un lento" que me susurró al salir del restaurante. En fin, yo simplemente aparento ser el inocente que no soy cuando estoy con ella.
Bajamos en un atiborrado parque Kennedy, cruzamos la calle, saludamos al guardián chismoso y entramos raudos al ascensor. Hicimos el típico cambio al ascensor de servicio en el piso cuatro, y subimos al piso 19. La empecé a besar no bien llegamos, el elevador de servicio es más pequeño, viejo y sucio, pero igual los besos nos hacían olvidar todo. Apoyábamos nuestros cuerpos uno contra el otro. Yo le preguntaba si realmente quería estar acá, llévame a dónde tu quieras, total yo soy completamente tuyo.
Desde el piso 19 podíamos ver los techos de los edificios miraflorinos, los postes de luz amarillos y las circulinas azules de Serenazgo que rodeaban el vecindario. Y si pones atención, a lo lejos se ve una línea negra del océano pacífico. Nos sentamos en la escalera de emergencia que lleva al techo y nos empezamos a besar. Yo trataba de contenerme. Poco a poco íbamos subiendo un escalón, contorneándonos, buscando la manera de que nuestros cuerpos estén más pegados. Su respiración era fuerte, por momentos ella se dejaba llevar. Escalón a escalón, besaba sus labios, su nariz y su cuello, hasta que ella me decía que paremos. Parábamos un momento, aún agarrados de la mano, y nos seguíamos besando. Ella me agarraba el cuello del polo, por momentos incluso parecía que me quería quitar el polo. Pero parábamos, no importa la posición extraña en la que nos encontráramos, simplemente nos calmábamos. Ella me pedía ser el chico bueno y decente que aparento ser. Yo le repliqué que no entiendo porque cuando estoy con ella algo pasa, Z saca lo peor de mi, todos mis pervertimentos.
Ella me llevó a la cima de la escalera. Yo la arrinconé, la comencé a besar, la tocaba por encima de su abrigo negro. ¿Te gusta que sea rápido? Le pregunté al mismo tiempo que le desabotonaba su abrigo, metía mis manos en su blusa, desabotoné su sostén y expuse sus pechos para acelerar mi corazón. Llévame a dónde tu quieras, yo soy tuyo, soy todo tuyo, mi corazón. Ella decía que no haga esas cosas que estábamos en una escalera, nos pueden ver. Yo le dije que no me importaba, que eso lo hacía todo más interesante. Me sacó la polera y el polo, y empezó a tocarme allá abajo sobre mi ropa. Seguíamos parados contra la pared cuando ella comenzó a desabotonarme el jean hasta exponer mi incipiente caminito de vellos al frío miraflorino.
Ella me tocaba la ropa interior, a veces metía la mano debajo de ella. Nos calmamos un rato y nos sentamos un rato a charlar, yo le expuse mi manera de ver las cosas. Tal vez a veces soy un poco inocente, pero así soy. Me preguntó con cuantas chicas había tenido algo, y yo le dije la verdad (me siento muy pavo al escribir esto) que sólo había tenido algo con una a parte de ella. Z se sorprendió, y se animó a decirme que me adoraba porque ve en mis ojos una ternura con la que no puede lidiar. Comenzamos a besarnos otra vez. Me sacó el polo de nuevo, esta vez yo encima de ella. Le desabotoné el saco de nuevo, le besé los pechos de nuevo. Ella volvió a tratar de sacar los otros botones de mi pantalón, así que tuve que desabotonarme yo.
Ella seguía tocando mi pecho, mi abdomen y comenzó a tocarme abajo. Me comenzó a masturbar. Yo me quedé en blanco un poco, sólo quería sacarle la ropa, aquí o en otro lugar, pero ahora. No importaba dónde, pero quería sentir que estaba lo más cerca a ella. Dentro de ella. Ella me decía que vayamos a otro lugar, que acá no podíamos porque todos los vecinos se iban a enterar, pero yo le decía la verdad con mi cara de inocencia. No conozco lugares por acá, no para eso que queremos.
Mientras hablábamos de eso, ella me arrinconó mientras seguía tocándome. Me masturbaba, yo la besaba, cogía sus pechos, ella me decía que le gustaba, yo le conté que hace 5 años yo amaba que me chupara los dedos (mi primera experiencia cuasi-sexual). Ella comenzó a hacerlo, yo le dije que me gustaría, que había fantaseado siempre, que ella me la chupara de la manera que chupa mis dedos. Ella se arrodilló y ella me la chupó. Sentí su lengua en la punta, y se sintió tan rico. Luego apretó mi pene entre sus senos y me masturbó ligeramente con ellos mientras me la chupaba. Yo no pude más y volvimos a besarnos. Volví a estar encima de ella, pasé la lengua en sus pechos, pasaba mis dedos en sus puntas. Comencé a tocarla por encima de su pantalón, aproveché que tenía el cierre bajo y le toqué por encima de su ropa interior, se sentía húmedo. Le quité el botón y comencé a tocarla. Ahí, ahí, me decía Z. Estoy mojada. Yo le decía que quería estar dentro de ella. Le baje el pantalón y le presioné mi pene erecto sobre los encajes de su ropa interior, no podía más, se la saqué, ella comenzó a decirme un no bajito. Yo la besaba al mismo tiempo que trataba penetrarla. Ella dijo que no, que no acá, ponte el polo. Yo no sabía que hacer. No tenía frío, estaba pegado a su cuerpo robando todo el calor que podía. Yo te deseo demasiado, le digo. Perdóname, puse mi cara sobre su mano y le dije que iba a respetar sus decisiones.
Sabado 13 de octubre
3.9.12
De cuando beso a Z en la playa Makaha
Al final bajamos hasta la playa, Z me retó a caminar hasta Miraflores. Yo estaba dudoso, pero al final acepté para que no piense que soy un cobarde. Caminamos hasta la bajada Balta, dónde le agarré la mano y le dije vamos, para que te metas al mar de broma, claro. Ella se lo tomo muy a pecho, se quitó las zapatillas Converse, las medias y se apresuró al mar. Yo le ofrecí mi ayuda para que baje, porque sabía lo difícil que es caminar en esas piedras hasta el mar. Al final ella lo que quería no era mojarse los pies, si no que el mar me moje, me agarró fuerte y esperó a que llegue una ola, yo me zafé como pude y corrí, pero terminé tropezando y caí, finalmente terminé rodando sobre las piedras todo con tal de evitar ser empapado por el mar. Ella se burló de mi, pero al menos yo estaba seco. Luego nos sentamos en las piedras.
Ella se recostó y me pidió que saque mi iPod. Yo me recosté junto a ella, unido a ella por un cable blanco. A mi iPod se le ocurrió colocar la música más rara. Comenzamos a molestarnos colocando piedras frías en nuestros rostros. Es ese tipo de juego que uno sabe que puede acabar mal. Nos poníamos piedras en las mejillas, los labios, la frente, la nariz y en las orejas. De vez en cuando ponía mis manos frías o la punta de mi nariz sobre su cara, sólo porque sabía que no le gustaba que yo esté tan frío. Ella se moría de frío, así que opte por coger sus manos y colocarlas dentro de mi abrigo. En algún momento se puso la bufanda tapando su boca. Yo cantaba canciones aleatorias, ella no quería cantar. Incluso me pidió poner Fito Páez. Le pedí que me cante, pero no quiso, o al menos dijo que no iba a cantar, así que yo normal cantaba solito. Igual cuando me pegaba a la bufanda escuchaba como ella cantaba bajito.
A veces seguía poniendo la punta de mi nariz sólo para molestarla. Seguimos cantando "El Amor Después del Amor" de Fito. En un momento seguí tocando su frente con la punta de mi nariz. Baje poco a poco. Seguía tocando su cara, bajando con mi nariz la bufanda. Y le di un beso. Ella me llamo por mi apellido de mala gana. Yo seguía besándola. Me encantaban sus labios. Eran tan suaves, eran igual como los recordaba. Me alejé de ella. La miré y le dije perdón. Me moría de frío. Ella me abrazó fuerte mientras que yo le decía perdón. "Espero que encuentres a tu princesa" me dijo Z. Yo coloqué mi mentón sobre su pelo y comencé a tiritar de frío.
Jueves 30 de setiembre