14.6.14

De un beso que cambia las perspectivas de las cosas

Ayer habíamos quedado con T y M en ir a tomar unas de nuestras tradicionales catedrales al centro, yo llegué tranquilo e incluso pasé por Ripley y conseguí la famosa camisa a cuadros roja que tanto quería. Pedimos tres catedrales en el bar del Hotel Bolívar y nos pusimos a conversar. Qué tal tu viaje a Los Angeles, bien, fue divertido, sobre sus múltiples trabajos y obligaciones. De vez en cuando veía un poquito de reojo a M, que estaba justo sentado al otro extremo. Pedimos un par de postres para picar y como a las dos horas después llego G. Yo usé su llegada de excusa para cambiarme de sitio y  estar cerca a M.

A todo esto, soy muy tímido frente a ella. Ayer, le había dado el regalo que le había traído de LA, un scrub de Hello Kitty. Juro que quería traerle algo de Disney, pero cuando vi el scrub pensé que eso era tan para ella, que no lo pensé ni tres segundos. Cuando se lo di se emocionó un poquito y me dio un beso cerquita de mis labios, juro que pensé que sus intenciones eran otras pero sólo atiné muy torpemente a decirle que no hay problema, de nada. Mientras por dentro la confusión rondaba mi ser.

Bueno al llegar G, y tuve una oportunidad de conversar con M un rato. En un momento nuestras amigas se fueron al baño, y al dejarnos solos, nuestra conversación se volvía un poco más difusa. M cree, con justa razón, que soy muy joven para ella, que ella no quiere ser un impedimento de irme a estudiar a Brasil. M cree que no me he olvidado de S. Traté de hacerle entender que, M, me pareces la persona más diferente a S que podría encontrar, y lo peor es que se lo digo siempre. Desde el primer día que la conocí, en esa discoteca medio decadente de Miraflores M resaltaba de todas las chicas del lugar. Ella me pareció súper linda, y sobre todo, una buena persona, la mejor persona, realmente alguien en quien puedes confiar. Y ahora que la sigo conociendo sólo puedo seguir creyendo que M es la buena persona que moría por conocer. La chica divertida, súper considerada, la chica buena de la que escribí. Bueno he de aceptar que no soy bueno para dar ese tipo de discursos, se me da más por escribirlos, y revisarlos, y re-escribirlos una y otra vez, hasta encontrar una forma realmente bonita de decir las cosas.

Así que en ese momento, ya que nunca había podido agarrarle ni la mano en el cine y -sobre todo- envalentonado un poco por las catedrales, no sé me ocurrió mejor cosa que acercarme un poquito hacia ella y darle un beso. Ella colocó su mano en mi cuello y me atrajo a ella. Sus labios eran súper suaves. Sabes que no debemos hacer esto. Lo sé, le dije. Pero realmente quería besarte, me dijo. Yo también. El beso se hacía inesperadamente apasionado y sólo dejamos de besarnos hasta que T y G llegaron. ¿Un beso puede cambiar la perspectiva de todo lo que piensas? Luego de nuestro beso, no quería separarme de ella y mantuve mi mano entrelazada con la suya. M tenía roche, yo también, pero estaba completamente seguro que T estaría al tanto de todo, y es más, ella estaría feliz de que su complot de juntarnos este dando resultado, así que supuse que todo estaría bien. Ellas sabían que tenía una obra de teatro a las 8, y M me puso la cara más manipuladora de la vida, y juro que viendo sus lindos ojitos chinitos ya había perdido todas las ganas de ir a ver la obra.

Y ahora, para que entiendan mi  problema, había quedado hace dos semanas en ir al teatro ese día con R, a ver un musical, y R me estaba esperando en el teatro... y no es la primera vez que llego tarde a algo con R. En realidad no hay mucho de que preocuparse, salvo la educación y consideración de siempre ya que R es una de mis mejores amigas.

Así que estaba en ese dilema ético y moral, cuando decidí ir a ver a R. Llegué y quedé con vernos otro día. Le expliqué un poco mi situación, sobre los pisco sours, y que estaba comenzando a sentir cosas por M. R fue súper comprensiva, e incluso me contó algo de un chico que le gusta, en retribución a mis confesiones. Algo sorprendido, la dejé en el Metropolitano y fui raudo al centro de nuevo.

Llegué, y M me reclamó un poco, pero le contesté que había regresado por ella. Esta parte sí es medio difusa, en algún momento T y G se fueron de nuevo al baño y de nuevo me comencé a besar con M. En serio, en serio sus labios era súper suaves, y sentía un descontrol tan sexy de su parte que sólo me provocaba volverla a besar, o incluso cosas peores. En algún momento ella me comenzó a llamar bebé y amorcito. Y comencé a llamarla igual, era todo tan natural que parecía que nos estuviéramos llamando así desde hace meses. T y G incluyeron temas algo más picantes en la conversación, que M integraba a la nuestra. ¿Tú no vas a durar tres minutos, no bebé? No, amorcito, no tienes idea. Perdimos la vergüenza frente a nuestras amigas y nuestros besos se volvieron más naturales, cómo si estuviéramos y todo el mundo ya debería estar acostumbrado a eso.

T sugirió ir a su casa y tomamos un taxi a la casa de M para recoger el carro de T. M y yo nos instauramos en los asientos traseros, siempre con mi mano alrededor suyo y su cabeza apoyada en mi pecho. De vez en cuando nos besábamos, M me decía que no la deje, yo le decía que descanse, M me besaba el cuello, y todo era súper lindo, M decía que ella no me iba a dejar y yo le respondía que tampoco la quería dejar. M guíaba mi mano, mientras que yo la acariciaba despacio, mientras que M aprovechaba para acariciar mi abdomen. Fuimos a la casa de T, y terminamos tomando té hasta que se sintiera mejor.

Fui a dejarla en su casa y conversé un rato con ella, yo apoyado en la vereda de la residencial y ella parada besandome, hasta que me dijo que tenía mucho sueño y ya quería ir a descansar. La acompañé como siempre hasta la puerta, y le deseé dulces sueños  y -como si lo hiciéramos siempre- nos dimos un beso de despedida. Ella entró y me hizo una señal con la mano para que pase con ella, llamo al ascensor y me hizo pasar con ella. Nos besamos en el trayecto al piso 8. Mi pulso se aceleró. Acerqué mi cuerpo al de ella mientras que mis manos se apoyaban en su rostro, las puertas se abrieron y ella me dijo, que me acompañaba a bajar, ya amorcito, y la seguí besándo arrinconándola contra el ascensor. Le di las buenas noches y nos mandamos besos volados. Seguro el mío se vio torpe e inexperto, pero el beso que ella me mandó se veía súper lindo y muy profesional.


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