18.3.14

De mis promesas para mi chica buena

He aprendido mucho de mi relación contigo. Por ejemplo, nunca mas voy a intentar ser otro por alguien, al menos no por alguien que no intente ser un poco diferente por mi. Seguiré creyendo firmemente en la reciprocidad, en que uno puede hacer cosas muy bonitas por otro, siempre y cuando el otro este dispuesto también a hacer cosas bonitas por ti. Ese es un punto que no te gusta, pero yo lo seguiré defendiendo siempre. Uno debe ceder, pero también la otra persona debe hacerlo, y así crear una armonía en la que los dos se sientan respaldados.

Juro, firmemente, que si encuentro una chica buena nunca seré egoísta con ella. Cuando encuentre a mi chica buena, una chica que no sea como tu, juro compartir con ella todo. No hablo de compartir mi almuerzo, o mi escasa pero significativa propina para llevarle a sitios caros y pagarle todo. Hablo de seguir dando el cien por ciento de mi, de abrirme a ella por completo. Cuando crea que esa persona es totalmente especial para mi, no quiero seguir tu ejemplo y para evitar hacerme daño cerrarme en un capullo. Quiero conversar con ella, que conozca lo que los demás no ven, que sepa mis secretos y mis errores. Y yo quiero conocer los suyos: quiero saber que color le gusta, o cosas absurdas sobre si prefiere la lluvia o el sol, quiero que sepa que a veces se me secan los ojos cuando estoy triste, que conozca mis temores de pequeño y conocer los suyos.

Quiero basar mi próxima relación en comunicación, hablaré mucho con mi chica buena. No quiero callarme nada porque mi chica buena nunca me mirará mal, quiero expresar todo lo que me gusta y todo lo que no. Tener la posibilidad de decir mis ideas locas sin remordimientos. Si quiero pedir tal cosa en un restaurante lo haré tranquilo, sabiendo que la chica buena siempre me dirá “claro, lo que tu quieras”. Quiero que entienda mi humor sofisticado y no le importe si hago tal o cual broma. Quiero que las peleas se solucionen hablando, no llorando. Quiero que ella sepa todo lo que no me gusta, y yo saber que no le gusta a ella, quiero intentar pasar mi vida no haciendo lo que no le gusta. Y si me equivoco quiero que me comprenda y entienda que hago mi mejor esfuerzo.

Cuando llegue mi chica buena quiero proponerle hacer cosas juntos, salir a todos lados, y no tener que separarme de ella nunca. Quiero ir al cine con ella, o al teatro, quiero ver películas en mi casa o en la suya. Quiero salir a bailar con ella, y probablemente tenga que tomarme uno o dos screwdrivers para bailar bien. No es necesario ir a lugares hiper caros, lo que quiero es crear recuerdos bonitos juntos, contigo, mi chica buena. También quiero caerle bien a sus amigos, y no me importaría salir con ellos, si ella esta dispuesta a conocer y hacerse amigos con los míos. Eso sí, siempre quiero que me preste más atención que al resto, y si estoy cansado, yo quiero que me entienda y se vaya a casa conmigo, porque yo haría lo mismo por ella.

También quiero tener confianza en ella, y que ella me tenga confianza en mi. Mi chica buena sabe que yo también soy un chico bueno, y no podría hacerle daño jamás. No quiero que me cele, ya que nunca le daré motivos para ello. Quiero darle su espacio, si lo necesita a veces, y que ella me de un espacio pequeño para mi. No tanto, porque la necesito cerca para que sepa cuando me siento triste, para que venga y me abrace. Que sepa que tengo momentos depresivos de la nada, donde la tristeza me atrapa, pero quiero que lo entienda y que haga lo necesario para animarme. Mi chica buena sabrá que cuando ella se sienta así, yo haré de todo para que se sienta bien.

De mi relación contigo saco que no ha sido perfecto, pero ha sido experiencia bonita. Salir herido, para mí, es sentirse un poquito vivo. Mis noches de insomnio son sólo una prueba de que yo si te quise en serio, y no estaba jugando con tus sentimientos. Para un chico inexperimentado como yo, una noche depresiva es una marca de batalla. He perdido la batalla, e incluso la batalla puede haberme dejado completamente destrozado, pero no he perdido la guerra. Quedan muchas noches más en mi vida en las que, en lugar de lamentarme por los supuestos que pasaría contigo, me encontraré, ojalá, feliz disfrutando cosas nuevas con una chica buena.

Lunes 17 de marzo

14.6.13

De cuando no sé que soy haciendo con S

A nos dejo solos -y ligeramente alcoholizados- en La Emolientería, y se me ocurrió decirle a S que me hubiera gustado ir a bailar. Pero vamos a Gótica, dijo, consultó con I, me agarró de la mano para salir del local y en un rato ya estábamos caminando hasta allá. S me pregunto si estaba muy lejos, y yo le dije masomenos pero que podíamos utilizar el camino para que se nos pase un poco el alcohol. S tenía frío, así que le subí el cierre de su casaca y la abracé. Caminamos por el malecón 28 de Julio hasta la calle José Gonzales. Allí, le dije, volteemos por aquí para que no te de tanto aire. Vamos confía en mi. Caminamos hablando de cosas nulas, de cómo deberíamos actuar frente a los de seguridad de Gótica, hasta que llegamos a Larcomar.

Allí nos recibió C, el enamorado de I, quien nos hizo pasar a la discoteca. Entramos de la mano, y nos paramos junto a ellos. Por momentos S se ponía a bailar pegadito a mi, cosa que me encantaba, pero igual sentía que no debíamos hacer eso al costado de I. Luego ellos se encontraron con unos amigos, y se olvidaron de nosotros. Yo le dije a S para ir a la pista de baile. Comenzamos a bailar, y en un momento S se dio cuenta que estaba un amigo suyo, lo saludó mientras que yo me quede a un lado, tranquilo. Luego, ella me jaló y seguimos bailando alejándonos según se abrían espacios en la pista de baile.

Seguimos bailando, bailábamos con los dedos entrelazados, bailábamos pegados, sus manos me guiaban por sus caderas, yo le cogía la mano, le daba vueltas, enserio estaba feliz, nunca me he divertido bailando con alguien como con ella. Hasta que en un momento, en una cursi canción de latin pop ella me cogió el pelo. Yo también le cogí la nuca, dejamos de bailar y nos dimos un beso, y luego otro, seguíamos bailando y de vez en cuando nos besábamos. A veces le cantaba, recuerdo incluso haberle cantando en portugués. A veces me alejaba un poquito de ella, la veía hermosa, y le cogía las manos, me las ponía encima de mis hombros acercándomela y le daba un beso mientras nos movíamos al ritmo de las canciones.

Yo siempre le preguntaba si se sentía bien, por que tenía que dejarla en su casa, al querer salir pasamos al lado de I. No sabíamos si despedirnos o no, pero nos vieron y C nos empezó a invitarnos Jagger. Nos llamaron dentro del pequeño box en el que estaban, y comenzamos a bailar de lo mas normal. C nos seguía invitando Jagger, y de vez en cuando me hacía indicaciones de que haga lo mismo que él estaba haciendo. Le hacía caso divertido, cuando le daba vueltas a S, y con cuidado de que I no este mirando le daba besos chiquitos.

El Jagger iba haciendo efecto. S se ponía un cubo de hielo en su boca y me lo pasaba cuando nos besábamos. Me gustaba morder los cubos que me pasaba. Sólo me atreví una vez a devolverle un cubo por medio de un beso. Seguía bebiendo tragos pequeños de Jagger hasta que, en no sé qué canción, me emocioné y levante mi brazo rápido y le di en el ojo a S. Me disculpe mil veces. S se alejó un rato a hablar con I. C me pregunto si quería a S, yo le dije que sí, entonces él me dijo que vaya despacio, cómo él hizo con I. Me cayó súper bien. S regresó rápido, y me pidió un hielo, y se lo empecé a colocar despacio disculpándome. S no estaba molesta, yo le decía que estaba igualita. Estaba hermosa. Seguimos bailando, nos seguíamos besando. Hasta que ella me dijo para irnos. Nos despedimos de I y C.

Yo reté a S para ir caminando a su casa, ella me dijo que no, que sólo aceptaba ir hasta el Saga Falabella del óvalo Miraflores. Yo le dije que ya, y seguimos caminando agarrados de la mano. De vez en cuando parábamos y nos besábamos. En un momento le pregunté, con el valor que me daba el Jagger aún, si se acordaba de lo que habíamos hecho en Cusco. Ella me dijo que sí, que sí se acordaba de lo que habíamos hecho en el pasillo, pero que por un momento había pensado que fue un sueño. Me gustó esa parte.

Yo le pregunté exactamente que es lo que estábamos haciendo, y ella me dijo que no sabía. Recuerdo que en Benavides faltaban 28 segundos de luz roja, y le pedí si podía besarla esos 28 segundos. Seguimos hablando hasta que llegamos al Saga, le dije, caminemos hasta la esquina y tomamos el taxi. Ella me dijo, seguro piensas después hacerme caminar hasta Comandante Espinar y después hasta mi casa. Yo le dije ¿no confías en mi?. Llegamos a la esquina, nos subimos al primer taxi que encontramos por 8 soles hasta la primera cuadra de X con Y. En el taxi ella se apoyó en mi hombro, y yo le susurraba no te duermas. En un momento me comenzó a besar, yo no sentía la rapidez del tiempo gracias al Jagger, y cada vez que abría los ojos sentía que pasaban mil cuadras. Llegamos a su casa, la besé por última vez y la vi hacerme chau con la mano.

Me regresé caminando a mi casa, a pesar de haberle prometido que me iría en taxi. Luego hablamos nuladas por el whatsapp, me dijo que le recordaba al niñito de la espada y la piedra. Y me disculpe de nuevo... Y yo me moría de ganas de decirle que me gustaría hacer lo mismo de hoy completamente conscientes.

Sábado 8 de Junio de 2013

2.6.13

De mi primer beso en Cusco

El sábado llegó en Cusco, yo me moría de sueño y no quería salir. Me daba miedo de ver a S afanándose a alguien o besando a otra persona. Así que cuando S y Q me dijeron para salir, me hice un poquito de rogar. Al final me convencieron, obvio, pero principalmente porque no quería dejarlas solas.

Caminamos hasta Mama África, que queda en la Plaza de Armas. En el camino nos encontramos con P y un amigo español suyo. Al llegar Q se puso a buscar a su ex con S. Yo me quede con P, que confabulaba con su amigo para quedarse solos. Q encontró lo que buscaba, y regresó feliz. Nos dijeron que nos quedábamos, tratamos de dejar los abrigos pero los guardarropas estaban llenos, así que pasamos a la disco.

El ex de Q nos dio un espacio para sentarnos, allí S y Q empezaron a pedir sus bebidas: un par de mojitos de promoción y para mi un screwdriver. El screwdriver me lo tome en una, estaba suavecito. Luego salimos a bailar, no sé en que momento me propusieron tomar otro trago y yo acepté feliz, así que fuimos a la barra y las chicas comenzaron con las cervezas y yo me tomé otro screwdriver. S pago este, y contenía un shot de Absolut 100, odio ese maldito trago, estaba muchísimo más fuerte. Igual me lo tome algo rápido porque seguíamos bailando y era algo incómodo el tener el vaso en la mano.

En algún momento le acepté pedir otro trago, otro screwdriver para mí, otra cerveza para ella. Seguimos bailando, no terminé ese vaso porque se me cayó al piso. Yo ni siquiera me di cuenta, yo estaba feliz queriendo bailar con S. En algún momento ella se topó con un tipo que conocía y bailaron un rato. Yo me quede al lado de Q y de una amiga de S.

S regresó con mi tarjeta de crédito en mano, se me había caido y ni cuenta. Revisé mi billetera y también faltaba mi DNI. Fuck. Me dijeron que el de limpieza lo había recojido, así que salí a preguntar a las barras, en ambas me dijeron que no. Que tal vez lo tenía el de limpieza aún.

A la amiga de S le habían robado su celular también, tal vez por el hecho de que yo estaba super picado decidí olvidarme del DNI un rato. Esta parte me es un poco borrosa, pero creo que le pedí a S que me acompañara a buscar mi DNI, cuando nos aburrimos de buscar, me puse a bailar con S. S me pidió ir a tomar otro trago, y yo no acepte. Seguimos bailando, con mi mano entrelazada a la suya, pasando por su cintura.

La música se iba siendo más divertida, ponían sertanejo y yo trataba de bailar como todo un ponta-grossence. Era divertidísimo, mis bailes con S se hacían cada vez más apretados. En algún momento el de limpieza paso cerca a nosotros, y S le pidió mi DNI, y el tipo nos lo dio. Suspiré aliviado, le agradecí a S y me dedique a seguir bailando con ella. S quería otra cerveza, así que le hice caso. Luego, en un momento me dijo que se sentía mal, y yo opté por quitarle su cerveza y tomármela.

Ella me pidió que descansáramos, ya que le dolía su rodilla desde Machu Picchu. Nos ubicamos cerca a Q que ya estaba en agarres con su ex. Y cerca a P, que seguro me vigilaba. Yo estaba picado, pero tranquilo, sólo bailaba con S, o le bailaba a S, porque ella estaba sentada y se reía de la forma en la que bailaba frente a ella. En un momento el ex de Q nos dijo que la iba a dejar en el hotel, a lo que le dijimos Ok. Le seguí bailando a S, de la mano, hasta que ella me dijo que ya estaba bien como para salir de regreso al hotel. Le dijimos a P, y nos acompañaron a la salida.

Caminé con S, abrazados por la plaza, cuasi cargándola por la plaza hasta llegar a la calle Santa Catalina ancha, donde quedaba nuestro hotel. Tocamos la puerta, mientras le preguntaba sobre su rodilla. Subimos la escalera poquito a poquito, hasta llegar al tercer piso. Allí me dijo que se quería sentar un rato en el sofá frente a la puerta del cuarto. Me apoyé un rato en su hombro, y le dije si ya estaba bien para pararse. Me dijo que sí, e intenté ayudarla a pararse. En algún momento su mano se apoyó en mi cuello, y me acarició suavemente. Nuestras caras se acercaron y le di un beso suave. Alejé mi cara y le dije que realmente me gustaba. Y terminamos dándonos otro beso.

Yo le dije que tal vez no deberíamos hacer eso, y que ya entráramos al cuarto, pero antes de llegar a la puerta me dió un beso. Tocamos la puerta y nos abrió el ex de Q. Q saltó sobre S, y ellas hablaron despacito entre ellas. El ex se despidió, y nos quedamos los tres solos. Q se acomodó en la cama de S, y tuve que llevar a S a la cama de Q. Le quite las botas a S, y la tape. Me despedí con un beso en la mejilla y un buenas noches.

Sábado 1 de junio

2.10.12

De cuando tengo solo un día para besar a Z

Esa noche salí con Z, esta vez a ver Pervertimentos, y otros gestos para nada en el Teatro El Olivar. Ella había ofrecido gentilmente cambiar la apuesta (Z tenía que pintarse las uñas con dibujos de Hello Kitty) por no dejarme ver la puesta de sol en el piso 19 luego de ir al teatro. Al final llegué un poco tarde a recogerla y me obligó a ir al teatro caminando. Fue raro, el camino demostró que tal vez no somos perfectos, pero de una u otra forma nos queremos cerca de todas maneras.


Llegamos lo suficientemente temprano como para besarnos en una banquita de la laguna. Como ya es constumbre le agarré la mano toda la función. Amé el texto inteligente de Pervertimentos y a Laura Aramburú, que es una diosa actuando con su pelo rubio. Al salir ella tenía frío, así que la abracé y decidimos caminar dos cuadras hasta el Don Mamimo de Conquistadores. Fue rara esa comida, yo quería mirarla, y ella no podía mirarme a los ojos. Le pregunté por qué es que ella me adoraba... pero no me quiso responder. Yo estaba contrariado. Por momentos parecía que quería terminar conmigo (nunca han terminado conmigo, pero me imagino que para terminarle a uno deben poner cara de profundo pensamiento) pero yo acercaba mi cara a la suya, le daba un beso y ella se calmaba.


Fuimos a su casa en taxi. Yo moría de ganas de estar a solas con ella, en cualquier lugar, aquí, en el piso 19, o en un cuarto de hotel de mala muerte, me moría de ganas de estar con ella sobre una cama, poder quitarnos la ropa. La sola idea de tener su cuerpo cerca al mío me volvía realmente loco. No sé, tal vez nunca estaré seguro, pero creo que ella también quería lo mismo, aunque nunca sabré el significado de ese "Oh dios, eres un lento" que me susurró al salir del restaurante. En fin, yo simplemente aparento ser el inocente que no soy cuando estoy con ella. 


Bajamos en un atiborrado parque Kennedy, cruzamos la calle, saludamos al guardián chismoso y entramos raudos al ascensor. Hicimos el típico cambio al ascensor de servicio en el piso cuatro, y subimos al piso 19. La empecé a besar no bien llegamos, el elevador de servicio es más pequeño, viejo y sucio, pero igual los besos nos hacían olvidar todo. Apoyábamos nuestros cuerpos uno contra el otro. Yo le preguntaba si realmente quería estar acá, llévame a dónde tu quieras, total yo soy completamente tuyo. 


Desde el piso 19 podíamos ver los techos de los edificios miraflorinos, los postes de luz amarillos y las circulinas azules de Serenazgo que rodeaban el vecindario.  Y si pones atención, a lo lejos se ve una línea negra del océano pacífico. Nos sentamos en la escalera de emergencia que lleva al techo y nos empezamos a besar. Yo trataba de contenerme. Poco a poco íbamos subiendo un escalón, contorneándonos, buscando la manera de que nuestros cuerpos estén más pegados. Su respiración era fuerte, por momentos ella se dejaba llevar. Escalón a escalón, besaba sus labios, su nariz y su cuello, hasta que ella me decía que paremos. Parábamos un momento, aún agarrados de la mano, y nos seguíamos besando. Ella me agarraba el cuello del polo, por momentos incluso parecía que me quería quitar el polo. Pero parábamos, no importa la posición extraña en la que nos encontráramos, simplemente nos calmábamos. Ella me pedía ser el chico bueno y decente que aparento ser. Yo le repliqué que no entiendo porque cuando estoy con ella algo pasa, Z saca lo peor de mi, todos mis pervertimentos


Ella me llevó a la cima de la escalera. Yo la arrinconé, la comencé a besar, la tocaba por encima de su abrigo negro. ¿Te gusta que sea rápido? Le pregunté al mismo tiempo que le desabotonaba su abrigo, metía mis manos en su blusa, desabotoné su sostén y expuse sus pechos para acelerar mi corazón. Llévame a dónde tu quieras, yo soy tuyo, soy todo tuyo, mi corazón. Ella decía que no haga esas cosas que estábamos en una escalera, nos pueden ver. Yo le dije que no me importaba, que eso lo hacía todo más interesante. Me sacó la polera y el polo, y empezó a tocarme allá abajo sobre mi ropa. Seguíamos parados contra la pared cuando ella comenzó a desabotonarme el jean hasta exponer mi incipiente caminito de vellos al frío miraflorino.


Ella me tocaba la ropa interior, a veces metía la mano debajo de ella. Nos calmamos un rato y nos sentamos un rato a charlar, yo le expuse mi manera de ver las cosas. Tal vez a veces soy un poco inocente, pero así soy. Me preguntó con cuantas chicas había tenido algo, y yo le dije la verdad (me siento muy pavo al escribir esto) que sólo había tenido algo con una a parte de ella. Z se sorprendió, y se animó a decirme que me adoraba porque ve en mis ojos una ternura con la que no puede lidiar. Comenzamos a besarnos otra vez. Me sacó el polo de nuevo, esta vez yo encima de ella. Le desabotoné el saco de nuevo, le besé los pechos de nuevo. Ella volvió a tratar de sacar los otros botones de mi pantalón, así que tuve que desabotonarme yo.


Ella seguía tocando mi pecho, mi abdomen y comenzó a tocarme abajo. Me comenzó a masturbar. Yo me quedé en blanco un poco, sólo quería sacarle la ropa, aquí o en otro lugar, pero ahora. No importaba dónde, pero quería sentir que estaba lo más cerca a ella. Dentro de ella. Ella me decía que vayamos a otro lugar, que acá no podíamos porque todos los vecinos se iban a enterar, pero yo le decía la verdad con mi cara de inocencia. No conozco lugares por acá, no para eso que queremos.


Mientras hablábamos de eso, ella me arrinconó mientras seguía tocándome. Me masturbaba, yo la besaba, cogía sus pechos, ella me decía que le gustaba, yo le conté que hace 5 años yo amaba que me chupara los dedos (mi primera experiencia cuasi-sexual). Ella comenzó a hacerlo, yo le dije que me gustaría, que había fantaseado siempre, que ella me la chupara de la manera que chupa mis dedos. Ella se arrodilló y ella me la chupó. Sentí su lengua en la punta, y se sintió tan rico. Luego apretó mi pene entre sus senos y me masturbó ligeramente con ellos mientras me la chupaba. Yo no pude más y volvimos a besarnos. Volví a estar encima de ella, pasé la lengua en sus pechos, pasaba mis dedos en sus puntas. Comencé a tocarla por encima de su pantalón, aproveché que tenía el cierre bajo y le toqué por encima de su ropa interior, se sentía húmedo. Le quité el botón y comencé a tocarla. Ahí, ahí, me decía Z. Estoy mojada. Yo le decía que quería estar dentro de ella. Le baje el pantalón y le presioné mi pene erecto sobre los encajes de su ropa interior, no podía más, se la saqué, ella comenzó a decirme un no bajito. Yo la besaba al mismo tiempo que trataba penetrarla. Ella dijo que no, que no acá, ponte el polo. Yo no sabía que hacer. No tenía frío, estaba pegado a su cuerpo robando todo el calor que podía. Yo te deseo demasiado, le digo. Perdóname, puse mi cara sobre su mano y le dije que iba a respetar sus decisiones.


Sabado 13 de octubre

3.9.12

De cuando beso a Z en la playa Makaha

Fui a ver una obra en el teatro R con Z, estaba realmente emocionado de ir por primera vez a ese teatro. Luego Z me llevó por puente de los suspiros. Nunca había cruzado el puente, sólo sabía de una leyenda que decía que si cruzas sin respirar el puente se te cumplirá un deseo. En cambio Z mencionó otra leyenda, algo como si cruzas el puente y te das un beso con la persona que quieres serán pareja para toda la vida. Yo me reí obviamente, y le dije de manera socarrona que quien le habrá metido ese cuento para chapársela. Ella se picó. Yo tenía miedo porque pensaba que esa zona era algo fea, pero Z estaba normal.

Al final bajamos hasta la playa, Z me retó a caminar hasta Miraflores. Yo estaba dudoso, pero al final acepté para que no piense que soy un cobarde. Caminamos hasta la bajada Balta, dónde le agarré la mano y le dije vamos, para que te metas al mar de broma, claro. Ella se lo tomo muy a pecho, se quitó las zapatillas Converse, las medias y se apresuró al mar. Yo le ofrecí mi ayuda para que baje, porque sabía lo difícil que es caminar en esas piedras hasta el mar. Al final ella lo que quería no era mojarse los pies, si no que el mar me moje, me agarró fuerte y esperó a que llegue una ola, yo me zafé como pude y corrí, pero terminé tropezando y caí, finalmente terminé rodando sobre las piedras todo con tal de evitar ser empapado por el mar. Ella se burló de mi, pero al menos yo estaba seco. Luego nos sentamos en las piedras.

Ella se recostó y me pidió que saque mi iPod. Yo me recosté junto a ella, unido a ella por un cable blanco. A mi iPod se le ocurrió colocar la música más rara. Comenzamos a molestarnos colocando piedras frías en nuestros rostros. Es ese tipo de juego que uno sabe que puede acabar mal. Nos poníamos piedras en las mejillas, los labios, la frente, la nariz y en las orejas. De vez en cuando ponía mis manos frías o la punta de mi nariz sobre su cara, sólo porque sabía que no le gustaba que yo esté tan frío. Ella se moría de frío, así que opte por coger sus manos y colocarlas dentro de mi abrigo. En algún momento se puso la bufanda tapando su boca. Yo cantaba canciones aleatorias, ella no quería cantar. Incluso me pidió poner Fito Páez. Le pedí que me cante, pero no quiso, o al menos dijo que no iba a cantar, así que yo normal cantaba solito. Igual cuando me pegaba a la bufanda escuchaba como ella cantaba bajito.

A veces seguía poniendo la punta de mi nariz sólo para molestarla. Seguimos cantando "El Amor Después del Amor" de Fito. En un momento seguí tocando su frente con la punta de mi nariz. Baje poco a poco. Seguía tocando su cara, bajando con mi nariz la bufanda. Y le di un beso. Ella me llamo por mi apellido de mala gana. Yo seguía besándola. Me encantaban sus labios. Eran tan suaves, eran igual como los recordaba. Me alejé de ella. La miré y le dije perdón. Me moría de frío. Ella me abrazó fuerte mientras que yo le decía perdón. "Espero que encuentres a tu princesa" me dijo Z. Yo coloqué mi mentón sobre su pelo y comencé a tiritar de frío.

Jueves 30 de setiembre

14.8.12

De cuando voy siento algo

Fui a ver Hairspray con Z y para variar babeé por Penny. Al final vinimos caminando desde el Teatro Peruano Japonés hasta Miraflores. Z me estaba torturando para que le regale mi programa souvenir de The Phantom of the Opera. Yo me moría de frío. Z me decía por favor, por favor, por favor. Yo pensaba varias cosas. Z me golpeaba. Yo recordaba que ya había venido caminando desde el Peruano Japonés con R. Z hacía varias cosas, hasta incluso por momentos se me pegaba. Yo sentía algo raro.

Al final llegamos tranquilos a mi casa, incluso con unos globos que encontramos colgados en un poste frente al Golf (que Z usaba como alas, como arreglo frutal o simplemente para golpearme). Al final le "presté" mi programa por un mes. Y ocurrió algo raro, me acerque a ella y puse mi nariz en su mejilla. Ella sintió cosquillas, yo sentí "algo". Recordé todas las veces que me había arrepentido de terminar con ella. Las veces en las que yo pensaba que con ella si podía funcionar. En un momento ella mencionó que había puesto mi nombre en Google. Yo me hice el resentido, le quité el programa y forcejeamos un rato. Al final se lo di nuevamente y quedamos en vernos al día siguiente.

Al día siguiente, ella vino a hacerme cocinar. Me arrastró hasta Plaza Vea, compró los ingredientes y me hizo enseño a cocinar tallarines con tomate y a freír pollo. Terminamos de comer y ella me contó que más tarde  tenía que una cita con L. Me dio un poco de celos, solo un poco. Nos sentamos en el sofá, le dije que tenía frío y le agarré la mano, pero para evitar momentos incómodos me paré y conecté el PlayStation para jugar SingStar. Le puse The music of the night y ella se quedó pensativa. No quiso cantar, al menos no en voz alta. Al final nos quedamos acurrucados uno al costado del otro. Yo con ganas de cogerle la mano, tal vez incluso con ganas de besarla. Pero al final se fue, le di un beso en la mejilla, y se fue.

Lunes 13 de agosto

2.7.12

De cuando veo a un fantasma

Ayer vi en internet que iban a poner en escena "D" de Michael Frayan. Tenía buenas referencias de la obra, por las críticas que había leído de cuando Plan 9 la presentó años antes, por lo que tomé la rara decisión de faltar a una de mis clases de Oclusión para ir al Centro Cultural El Olivar, en San Isidro.

Cuando llegué hoy, todavía me sentía raro, compre mi entrada, cogí el programa de mano y entré en la sala. No tuve tiempo para leerlo, porque diez segundos luego la obra comenzó. Todo iba bien, bueno las actuaciones eran regulares pero no malas, la obra estaba a punto de demostrarme lo genial que era, cuando el actor-que-hacía-de-director llamó a Poppy Norton-Taylor, es decir, a la actriz-que-hacía-de-asistente-de-dirección. Entro una chica con un vestido anticuado, que no daba mucho la cara. Me pareció curiosa su voz. Luego volteó para salir de escena por el pasadizo. El pasadizo, al costado de mi asiento número 7 en la fila E.

"No puede ser ella"

Mi corazón dio un vuelco, pero cada segundo que la veía me parecía más ella. Su voz me pareció igual como la recordaba. Su ropa era completamente diferente. Por más que trataba de hacerme creer que no era ella, cada segundo que la veía en escena me parecía más ella. Aproveché un momento de luz proveniente del escenario para revisar el programa de mano. Busqué desesperado el nombre de "Poppy", debajo decía Z.

Mi corazón latía rápido. No puede ser la Z que tú conoces. La Z que no vez hace 6 años. Z. La Z que te odia. Sólo a mí me puede pasar, que el único día que decido faltar a una clase, termino encontrándome con esa persona con la que nunca se me podía ocurrir encontrarme. El destino no quiso que la viera todas esas veces que iba al bar N con un poco de miedo, porque sabía que quedaba justo debajo de su departamento en la Av. S, pero el destino quiere que me la encuentre en el único día que falto a Oclusión. El destino es raro. No tengo nada en contra del destino, pero hoy me esta jugando una muy mala pasada.

Intermedios van y vienen. La obra termina bien, la aplaudo, ella no mira hacía mi. Tal vez me lo merezco. Tal vez ni siquiera sabe que estoy aquí. Le aplaudo hasta que todos paran de aplaudir. Ahora no estoy seguro si debería esperar a felicitarla, salgo de la sala, y en la esquina me da remordimientos y decido esperarla. Bajo las escaleras, veo como salen sus compañeros. Me da nervios. ¿Y si todavía me odia?. Veo salir a una chica, me da pánico, pero no es ella. Luego la veo, es ella. Si es ella. Pero soy un cobarde. Subo las escaleras, y decido irme.

Lunes 2 de julio