2.10.12

De cuando tengo solo un día para besar a Z

Esa noche salí con Z, esta vez a ver Pervertimentos, y otros gestos para nada en el Teatro El Olivar. Ella había ofrecido gentilmente cambiar la apuesta (Z tenía que pintarse las uñas con dibujos de Hello Kitty) por no dejarme ver la puesta de sol en el piso 19 luego de ir al teatro. Al final llegué un poco tarde a recogerla y me obligó a ir al teatro caminando. Fue raro, el camino demostró que tal vez no somos perfectos, pero de una u otra forma nos queremos cerca de todas maneras.


Llegamos lo suficientemente temprano como para besarnos en una banquita de la laguna. Como ya es constumbre le agarré la mano toda la función. Amé el texto inteligente de Pervertimentos y a Laura Aramburú, que es una diosa actuando con su pelo rubio. Al salir ella tenía frío, así que la abracé y decidimos caminar dos cuadras hasta el Don Mamimo de Conquistadores. Fue rara esa comida, yo quería mirarla, y ella no podía mirarme a los ojos. Le pregunté por qué es que ella me adoraba... pero no me quiso responder. Yo estaba contrariado. Por momentos parecía que quería terminar conmigo (nunca han terminado conmigo, pero me imagino que para terminarle a uno deben poner cara de profundo pensamiento) pero yo acercaba mi cara a la suya, le daba un beso y ella se calmaba.


Fuimos a su casa en taxi. Yo moría de ganas de estar a solas con ella, en cualquier lugar, aquí, en el piso 19, o en un cuarto de hotel de mala muerte, me moría de ganas de estar con ella sobre una cama, poder quitarnos la ropa. La sola idea de tener su cuerpo cerca al mío me volvía realmente loco. No sé, tal vez nunca estaré seguro, pero creo que ella también quería lo mismo, aunque nunca sabré el significado de ese "Oh dios, eres un lento" que me susurró al salir del restaurante. En fin, yo simplemente aparento ser el inocente que no soy cuando estoy con ella. 


Bajamos en un atiborrado parque Kennedy, cruzamos la calle, saludamos al guardián chismoso y entramos raudos al ascensor. Hicimos el típico cambio al ascensor de servicio en el piso cuatro, y subimos al piso 19. La empecé a besar no bien llegamos, el elevador de servicio es más pequeño, viejo y sucio, pero igual los besos nos hacían olvidar todo. Apoyábamos nuestros cuerpos uno contra el otro. Yo le preguntaba si realmente quería estar acá, llévame a dónde tu quieras, total yo soy completamente tuyo. 


Desde el piso 19 podíamos ver los techos de los edificios miraflorinos, los postes de luz amarillos y las circulinas azules de Serenazgo que rodeaban el vecindario.  Y si pones atención, a lo lejos se ve una línea negra del océano pacífico. Nos sentamos en la escalera de emergencia que lleva al techo y nos empezamos a besar. Yo trataba de contenerme. Poco a poco íbamos subiendo un escalón, contorneándonos, buscando la manera de que nuestros cuerpos estén más pegados. Su respiración era fuerte, por momentos ella se dejaba llevar. Escalón a escalón, besaba sus labios, su nariz y su cuello, hasta que ella me decía que paremos. Parábamos un momento, aún agarrados de la mano, y nos seguíamos besando. Ella me agarraba el cuello del polo, por momentos incluso parecía que me quería quitar el polo. Pero parábamos, no importa la posición extraña en la que nos encontráramos, simplemente nos calmábamos. Ella me pedía ser el chico bueno y decente que aparento ser. Yo le repliqué que no entiendo porque cuando estoy con ella algo pasa, Z saca lo peor de mi, todos mis pervertimentos


Ella me llevó a la cima de la escalera. Yo la arrinconé, la comencé a besar, la tocaba por encima de su abrigo negro. ¿Te gusta que sea rápido? Le pregunté al mismo tiempo que le desabotonaba su abrigo, metía mis manos en su blusa, desabotoné su sostén y expuse sus pechos para acelerar mi corazón. Llévame a dónde tu quieras, yo soy tuyo, soy todo tuyo, mi corazón. Ella decía que no haga esas cosas que estábamos en una escalera, nos pueden ver. Yo le dije que no me importaba, que eso lo hacía todo más interesante. Me sacó la polera y el polo, y empezó a tocarme allá abajo sobre mi ropa. Seguíamos parados contra la pared cuando ella comenzó a desabotonarme el jean hasta exponer mi incipiente caminito de vellos al frío miraflorino.


Ella me tocaba la ropa interior, a veces metía la mano debajo de ella. Nos calmamos un rato y nos sentamos un rato a charlar, yo le expuse mi manera de ver las cosas. Tal vez a veces soy un poco inocente, pero así soy. Me preguntó con cuantas chicas había tenido algo, y yo le dije la verdad (me siento muy pavo al escribir esto) que sólo había tenido algo con una a parte de ella. Z se sorprendió, y se animó a decirme que me adoraba porque ve en mis ojos una ternura con la que no puede lidiar. Comenzamos a besarnos otra vez. Me sacó el polo de nuevo, esta vez yo encima de ella. Le desabotoné el saco de nuevo, le besé los pechos de nuevo. Ella volvió a tratar de sacar los otros botones de mi pantalón, así que tuve que desabotonarme yo.


Ella seguía tocando mi pecho, mi abdomen y comenzó a tocarme abajo. Me comenzó a masturbar. Yo me quedé en blanco un poco, sólo quería sacarle la ropa, aquí o en otro lugar, pero ahora. No importaba dónde, pero quería sentir que estaba lo más cerca a ella. Dentro de ella. Ella me decía que vayamos a otro lugar, que acá no podíamos porque todos los vecinos se iban a enterar, pero yo le decía la verdad con mi cara de inocencia. No conozco lugares por acá, no para eso que queremos.


Mientras hablábamos de eso, ella me arrinconó mientras seguía tocándome. Me masturbaba, yo la besaba, cogía sus pechos, ella me decía que le gustaba, yo le conté que hace 5 años yo amaba que me chupara los dedos (mi primera experiencia cuasi-sexual). Ella comenzó a hacerlo, yo le dije que me gustaría, que había fantaseado siempre, que ella me la chupara de la manera que chupa mis dedos. Ella se arrodilló y ella me la chupó. Sentí su lengua en la punta, y se sintió tan rico. Luego apretó mi pene entre sus senos y me masturbó ligeramente con ellos mientras me la chupaba. Yo no pude más y volvimos a besarnos. Volví a estar encima de ella, pasé la lengua en sus pechos, pasaba mis dedos en sus puntas. Comencé a tocarla por encima de su pantalón, aproveché que tenía el cierre bajo y le toqué por encima de su ropa interior, se sentía húmedo. Le quité el botón y comencé a tocarla. Ahí, ahí, me decía Z. Estoy mojada. Yo le decía que quería estar dentro de ella. Le baje el pantalón y le presioné mi pene erecto sobre los encajes de su ropa interior, no podía más, se la saqué, ella comenzó a decirme un no bajito. Yo la besaba al mismo tiempo que trataba penetrarla. Ella dijo que no, que no acá, ponte el polo. Yo no sabía que hacer. No tenía frío, estaba pegado a su cuerpo robando todo el calor que podía. Yo te deseo demasiado, le digo. Perdóname, puse mi cara sobre su mano y le dije que iba a respetar sus decisiones.


Sabado 13 de octubre

3.9.12

De cuando beso a Z en la playa Makaha

Fui a ver una obra en el teatro R con Z, estaba realmente emocionado de ir por primera vez a ese teatro. Luego Z me llevó por puente de los suspiros. Nunca había cruzado el puente, sólo sabía de una leyenda que decía que si cruzas sin respirar el puente se te cumplirá un deseo. En cambio Z mencionó otra leyenda, algo como si cruzas el puente y te das un beso con la persona que quieres serán pareja para toda la vida. Yo me reí obviamente, y le dije de manera socarrona que quien le habrá metido ese cuento para chapársela. Ella se picó. Yo tenía miedo porque pensaba que esa zona era algo fea, pero Z estaba normal.

Al final bajamos hasta la playa, Z me retó a caminar hasta Miraflores. Yo estaba dudoso, pero al final acepté para que no piense que soy un cobarde. Caminamos hasta la bajada Balta, dónde le agarré la mano y le dije vamos, para que te metas al mar de broma, claro. Ella se lo tomo muy a pecho, se quitó las zapatillas Converse, las medias y se apresuró al mar. Yo le ofrecí mi ayuda para que baje, porque sabía lo difícil que es caminar en esas piedras hasta el mar. Al final ella lo que quería no era mojarse los pies, si no que el mar me moje, me agarró fuerte y esperó a que llegue una ola, yo me zafé como pude y corrí, pero terminé tropezando y caí, finalmente terminé rodando sobre las piedras todo con tal de evitar ser empapado por el mar. Ella se burló de mi, pero al menos yo estaba seco. Luego nos sentamos en las piedras.

Ella se recostó y me pidió que saque mi iPod. Yo me recosté junto a ella, unido a ella por un cable blanco. A mi iPod se le ocurrió colocar la música más rara. Comenzamos a molestarnos colocando piedras frías en nuestros rostros. Es ese tipo de juego que uno sabe que puede acabar mal. Nos poníamos piedras en las mejillas, los labios, la frente, la nariz y en las orejas. De vez en cuando ponía mis manos frías o la punta de mi nariz sobre su cara, sólo porque sabía que no le gustaba que yo esté tan frío. Ella se moría de frío, así que opte por coger sus manos y colocarlas dentro de mi abrigo. En algún momento se puso la bufanda tapando su boca. Yo cantaba canciones aleatorias, ella no quería cantar. Incluso me pidió poner Fito Páez. Le pedí que me cante, pero no quiso, o al menos dijo que no iba a cantar, así que yo normal cantaba solito. Igual cuando me pegaba a la bufanda escuchaba como ella cantaba bajito.

A veces seguía poniendo la punta de mi nariz sólo para molestarla. Seguimos cantando "El Amor Después del Amor" de Fito. En un momento seguí tocando su frente con la punta de mi nariz. Baje poco a poco. Seguía tocando su cara, bajando con mi nariz la bufanda. Y le di un beso. Ella me llamo por mi apellido de mala gana. Yo seguía besándola. Me encantaban sus labios. Eran tan suaves, eran igual como los recordaba. Me alejé de ella. La miré y le dije perdón. Me moría de frío. Ella me abrazó fuerte mientras que yo le decía perdón. "Espero que encuentres a tu princesa" me dijo Z. Yo coloqué mi mentón sobre su pelo y comencé a tiritar de frío.

Jueves 30 de setiembre

14.8.12

De cuando voy siento algo

Fui a ver Hairspray con Z y para variar babeé por Penny. Al final vinimos caminando desde el Teatro Peruano Japonés hasta Miraflores. Z me estaba torturando para que le regale mi programa souvenir de The Phantom of the Opera. Yo me moría de frío. Z me decía por favor, por favor, por favor. Yo pensaba varias cosas. Z me golpeaba. Yo recordaba que ya había venido caminando desde el Peruano Japonés con R. Z hacía varias cosas, hasta incluso por momentos se me pegaba. Yo sentía algo raro.

Al final llegamos tranquilos a mi casa, incluso con unos globos que encontramos colgados en un poste frente al Golf (que Z usaba como alas, como arreglo frutal o simplemente para golpearme). Al final le "presté" mi programa por un mes. Y ocurrió algo raro, me acerque a ella y puse mi nariz en su mejilla. Ella sintió cosquillas, yo sentí "algo". Recordé todas las veces que me había arrepentido de terminar con ella. Las veces en las que yo pensaba que con ella si podía funcionar. En un momento ella mencionó que había puesto mi nombre en Google. Yo me hice el resentido, le quité el programa y forcejeamos un rato. Al final se lo di nuevamente y quedamos en vernos al día siguiente.

Al día siguiente, ella vino a hacerme cocinar. Me arrastró hasta Plaza Vea, compró los ingredientes y me hizo enseño a cocinar tallarines con tomate y a freír pollo. Terminamos de comer y ella me contó que más tarde  tenía que una cita con L. Me dio un poco de celos, solo un poco. Nos sentamos en el sofá, le dije que tenía frío y le agarré la mano, pero para evitar momentos incómodos me paré y conecté el PlayStation para jugar SingStar. Le puse The music of the night y ella se quedó pensativa. No quiso cantar, al menos no en voz alta. Al final nos quedamos acurrucados uno al costado del otro. Yo con ganas de cogerle la mano, tal vez incluso con ganas de besarla. Pero al final se fue, le di un beso en la mejilla, y se fue.

Lunes 13 de agosto

2.7.12

De cuando veo a un fantasma

Ayer vi en internet que iban a poner en escena "D" de Michael Frayan. Tenía buenas referencias de la obra, por las críticas que había leído de cuando Plan 9 la presentó años antes, por lo que tomé la rara decisión de faltar a una de mis clases de Oclusión para ir al Centro Cultural El Olivar, en San Isidro.

Cuando llegué hoy, todavía me sentía raro, compre mi entrada, cogí el programa de mano y entré en la sala. No tuve tiempo para leerlo, porque diez segundos luego la obra comenzó. Todo iba bien, bueno las actuaciones eran regulares pero no malas, la obra estaba a punto de demostrarme lo genial que era, cuando el actor-que-hacía-de-director llamó a Poppy Norton-Taylor, es decir, a la actriz-que-hacía-de-asistente-de-dirección. Entro una chica con un vestido anticuado, que no daba mucho la cara. Me pareció curiosa su voz. Luego volteó para salir de escena por el pasadizo. El pasadizo, al costado de mi asiento número 7 en la fila E.

"No puede ser ella"

Mi corazón dio un vuelco, pero cada segundo que la veía me parecía más ella. Su voz me pareció igual como la recordaba. Su ropa era completamente diferente. Por más que trataba de hacerme creer que no era ella, cada segundo que la veía en escena me parecía más ella. Aproveché un momento de luz proveniente del escenario para revisar el programa de mano. Busqué desesperado el nombre de "Poppy", debajo decía Z.

Mi corazón latía rápido. No puede ser la Z que tú conoces. La Z que no vez hace 6 años. Z. La Z que te odia. Sólo a mí me puede pasar, que el único día que decido faltar a una clase, termino encontrándome con esa persona con la que nunca se me podía ocurrir encontrarme. El destino no quiso que la viera todas esas veces que iba al bar N con un poco de miedo, porque sabía que quedaba justo debajo de su departamento en la Av. S, pero el destino quiere que me la encuentre en el único día que falto a Oclusión. El destino es raro. No tengo nada en contra del destino, pero hoy me esta jugando una muy mala pasada.

Intermedios van y vienen. La obra termina bien, la aplaudo, ella no mira hacía mi. Tal vez me lo merezco. Tal vez ni siquiera sabe que estoy aquí. Le aplaudo hasta que todos paran de aplaudir. Ahora no estoy seguro si debería esperar a felicitarla, salgo de la sala, y en la esquina me da remordimientos y decido esperarla. Bajo las escaleras, veo como salen sus compañeros. Me da nervios. ¿Y si todavía me odia?. Veo salir a una chica, me da pánico, pero no es ella. Luego la veo, es ella. Si es ella. Pero soy un cobarde. Subo las escaleras, y decido irme.

Lunes 2 de julio

26.3.12

De cuando no quiero dar a entender mis sentimientos por R

A veces siento que hay personas que te pueden gustar y sabes que nunca pasará nada con ellas, pero te has ilusionado tantas veces con ellas que pensar en ellas de manera ambigua es normal. Les puedes tener un cariño inmenso, por que a veces sientes que tienen la complicidad perfecta, que se llevarían de mil maravillas, pero luego aterrizas de picada cuando te das cuenta que tu y ella son prácticamente como hermanos, y tal vez ella nunca te mire de otra manera más que como el mejor amigo, el chico con el que puedo hablar sin parar y nunca intentará nada contigo.

Este capítulo de mi vida se puede representar con un sentimiento raro en mi tórax. Un poco de nauseas tal vez. Un poco de desesperación. Ese raro sentimiento de soledad que hace que se te encoja el corazón.

Lo que pasa es que hay una chica, R, ella me gustó desde que era un adolescente despreocupado. Nunca intenté nada con ella, sólo me dediqué a ser su amigo porque me sentía a gusto con ella. Nunca la miré de otra manera, ni traté de buscar ese momento de debilidad en el que podría darle ese beso que la hiciera mirarme de manera diferente. A veces salíamos solos, y nuestras conversaciones no tenían huecos incómodos, nos divertíamos haciendo cosas locas pero inocentes. Nos tomábamos fotos juntos de lo más normal, ella posaba para mi lente mientras yo la retrataba. De vez en cuando salía un atisbo de duda, pero la callabas con la frase "pero no, si es R, con ella nunca pasará nada".

Bueno hoy R, me confesó dentro de esa cosa que se llama nuestra amistad que acepto ser novia de alguien. La noticia me agarró como un shock de electricidad paralizador. R, mi R, avanzaba en la vida mientras que yo me quedaba atascado en el recuerdo de un nunca será. R daba un paso gigante, con la persona que menos me la esperaba. Me siento un poco descorazonado. Me siento un poco incómodo, y comienzo a decir cosas que tal vez no quiero decir, pero necesito sacar.

No puedo justificar mi soledad, ni tampoco mi gusto por las chicas que nunca me dan bola. Ese gusto a golpearme cada vez que tengo la oportunidad. En ese momento, me sentí mas solo que nunca. Y tal vez esto demuestra que en el fondo yo si tenía corazón.

Lunes 26 de marzo